LA DEUDA DE PICASSO

Publicado en por Instituto de los Andes


Aún a pesar de su fama de megalómano, resulta que Picasso sintió a lo largo de su vida una profunda admiración por otro pintor que no fue él mismo: Paul Cézanne. No es para menos si se tiene en cuenta todo lo que el genio malagueño debe al francés; para empezar, el origen del cubismo. Sin Cézanne, Picasso no hubiera existido como tal y ahora, una exposición en el Museo Granet en Aix-en-Provence, al sur de Francia, nos habla de la admiración sentida hacia el que Picasso consideró su "único y singular maestro".


La simultaneidad de puntos de vista, junto con la fragmentación de la realidad en volúmenes geométricos, son los fundamentos básicos en los que se sustenta el cubismo inicial: el denominado cubismo cezaniano. Si bien es verdad que Picasso es el artista estandarte de la corriente, Cezanne -"catalogado" por la historiografía artística como el padre del arte moderno- está considerado el iniciador de la misma. En su famosa Montana de Santa Victoria podemos encontrar el primitivo manifiesto del movimiento que más tarde desarrollarán artistas como Braque, Juan Gris o el propio Picasso, quien además sentía una profunda admiración y respecto por el maestro provenzal.

Las similitudes entre la producción de ambos es clara, como pone de manifiesto la exposición propuesta por el Museo Granet, aunque Picasso siempre se mantuvo a una respetuosa distancia del francés no incurriendo en la imitación, como sí hizo con artistas como Delacroix, Manet o Ingres. Picasso lo que hará es tomar los descubrimientos de Cézanne en materia de composición y aprehensión de la percepción visual; dos temas en los que Cézanne demostró un profundo interés y cuya investigación le permitió desarrollar una evolución propia sorprendente, una vez al margen del impresionismo pero a partir del bagaje adquirido durante el ejercicio del mismo.


La muestra "Picasso-Cézanne" establece un hilo conductor a través de la relación de ambos maestros y sus semejanzas formales mediante la muestra de algo más de un centenar de obras, donde puede apreciarse la fuente de inspiración que Cézanne constituyó para el español y el sentido deseo de homenaje de éste hacia el que consideraba su maestro. La exposición, que estará abierta hasta el 27 de septiembre, cuenta con el aliciente de poder disfrutar de algunas de las grandes obras del cubismo y la apertura al público, por primera vez, del Castillo de Vauvenargues.  

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